Viento en popa para el comercio electrónico Europeo

El e-commerce está de enhorabuena. Comprar por internet, nunca había sido tan fácil ni satisfactorio para los usuarios, quienes ya prefieren hacer sus pedidos cómodamente desde casa antes que salir de tiendas.

España figura entre los grandes players del comercio electrónico en Europa, ocupando la cuarta posición, tras Francia, Alemania y Reino Unido, quien encabeza el ranking.

El volumen de las ventas online de UK, supera ampliamente al resto, con 96 mil millones de euros. Una cifra que casi duplica a los alemanes, quienes hacen aparición en escena ocupando el segundo puesto con 50 mil millones de euros; y dista mucho de las transacciones generadas en España, que apenas superan los 13 mil millones de euros.

Pero no solo nos debemos centrar en el comercio que se produce dentro de las propias fronteras del país, sino que hay un mercado enorme más allá del territorio nacional, lo que abre un nuevo campo de posibilidades.

Así, en España el importe de las compras que se registran en otros países constituye aproximadamente el 50% de las ventas online. En Francia, por su parte, el 41% de los consumidores adquiere productos de Alemania, mientras que un 29% se dirige a los retailers británicos.

Por ello, conviene aprovechar las ventajas del medio online para promocionar y hacer llegar nuestros productos a cualquier rincón del planeta. Podemos comenzar con el mercado europeo, con el que nos une una moneda única, un mismo marco regulador y la proximidad geográfica.

Puestos a conquistar a los clientes de nuestros países vecinos, es importante conocer las características básicas de comportamiento online, así como sus preferencias, con el fin de generar confianza y garantizar la experiencia de usuario.

Por tanto, conviene observar a la competencia que opera en cada país, e identificar los aspectos diferenciales que definen a cada cultura. A modo de ejemplo, podemos destacar los detalles que destacan en la cultura francesa y alemana:

En Francia los retailers dominantes son empresas galas. Los franceses no se han dejado conquistar por los gigantes como Amazon, como es el caso de Alemania. Sus sitios web se caracterizan por un derroche de energía y color, donde no faltan las llamadas a la acción por doquier. En contra de lo que se utiliza en otros países, como en España, el rojo no evidencia descuento, sino el precio habitual.

Los consumidores franceses valoran especialmente los programas de fidelización y la posibilidad de contar con varias opciones de pago. Así como muestras de confianza online, transmitidas en base a sellos de calidad y el logo de las distintas entidades financieras a través de las cuales pagar.

En Alemania las empresas locales han cedido el primer puesto a Amazon, aunque otras como Otto presentan seria competencia.

Es importante tener en cuenta que el pago con tarjeta de crédito no goza de buena prensa. Solo el 9% de estos clientes está dispuesto a utilizar su tarjeta de crédito como medio de pago. Sin embargo, apuestan por los modelos de prepago y micro-pagos, que constituyen el 75% de los pagos online.

Por si esto no fuera suficiente, la mitad de los clientes germanos afirma que no volvería a comprar en una tienda que no le ofrezca su forma de pago preferida. Garantizar la experiencia de usuario para estos clientes supone un reto hasta el final.

El diseño online de los e-commerce alemanes es más sobrio, sencillo y limpio que en el caso de los franceses. Teniendo siempre presente que es necesario contar con espacio suficiente para poder insertar debidamente los largos vocablos que caracterizan a este idioma, especialmente en el caso de los botones de llamada a la acción.

En nuestro país triunfan las tiendas online de las grandes cadenas de distribución españolas, tales como El Corte Inglés o La Casa del Libro, aunque también merecen un lugar predominante las empresas dedicadas al sector tecnológico, tales como Apple, Samsung o Vodafone.

El proceso de compra cada vez es más sencillo, dirigido a agilizar el trámite y fomentar la repetición de compra. De este modo, se facilita el login social, y se intenta evitar la toma de datos hasta el final del proceso, con el fin de   fomentar la conversión y transmitir confianza en todo momento.

Como podemos apreciar, cada país es un mundo, los clientes poseen distinta cultura como consumidores, están acostumbrados a un lenguaje visual distinto, y tienen peculiaridades propias de su país de origen. Por ello, para vender en el mercado internacional no basta con traducir la página a otro idioma, sino que es conveniente conocer al consumidor y adaptar la estrategia de ventas a sus características propias. De este modo, se sentirán como en casa y ello pulirá sus posibles reticencias a la hora de comprar.

Via: PuroMarketing.com

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